El caso de 9 vidas marcadas por la tragedia y el misterio


Con la muerte del marido de Zulma Flores y el hijo de tres años de ambos, salió a la luz la extrañísima situación de esta familia.

La familia Flores fue golpeada por la tragedia hace tres meses, cuando una mañana de abril desapareció el esposo de Zulma, Eduardo Espinoza (48), ex guardiacárcel, y el hijo de ambos de tres años, en ocasión de realizar las tareas de desmalezamiento en el terreno fiscal de la humilde vivienda donde residían, a la vera del río Arenales y a 22 cuadras del centro de la ciudad. Días después, los hallaron ahogados, aguas abajo.
La desgarradora situación puso al descubierto, además, otro drama: ninguno de los sobrevivientes "existe" para el sistema.
Zulma (29), sus hijos, Araceli (10), Cristian (8) y Yohana (6); su hermana Rosa (32), y los hijos de ésta, de 11, 9, 6 y 2 años, no tienen ni siquiera documentos de identidad.
Las hermanas dicen que no conocen su origen porque fueron regaladas cuando eran muy pequeñas y fueron criadas hasta los ocho años por un matrimonio que nunca las asentó en el Registro Nacional de las Personas, pero cuentan que les dijeron que "nuestro apellido era Flores y que nuestros nombres eran Zulma y Rosa".
A partir de esa edad -contaron- comenzaron a rodar por diferentes casas de familia donde trabajaban por la comida y el techo hasta alrededor de los 17 años, cuando ya se independizaron y se fueron a vivir con los padres de sus hijos, de quienes no quieren hablar.
La vida de estas mujeres es misteriosa: dicen no conocer nada de su pasado, no saben quiénes fueron sus padres ni saber dónde nacieron.
La primera pareja de Zulma y padre de los tres hijos que le quedan no vive en Salta, razón por la cual no tiene contacto con él y no le da ninguna ayuda. El padre de los hijos de Rosa, tampoco se hace cargo de los niños y Zulma asegura que "ella no quiere ni hablar de ese chango".
Esto las llevó a vivir una sucesión de traspiés ya que al no tener sus documentos, tampoco los tienen sus hijos.

La vida después de la tragedia

La vivienda de Zulma y Rosa consta de una habitación de bloques de cemento con techo de chapas, por donde se cuela el frío y la lluvia. Sin embargo, tras la muerte de Espinoza muchas fueron las manos solidarias que se acercaron a ayudarla, entre ellas, un señor que les construyó un dormitorio y un baño, que ya están próximos a ser concluidos, David, el sandwichero les entregó $500 pesos durante dos meses y el Ministerio de Desarrollo Social les otorgó un subsidio durante 3 meses de $400.
Hace unos días la llamaron de la empresa donde trabajaba su marido para emplearla. "Ellos se comprometieron a darme un sueldo durante un año, pero lo que yo realmente necesito es una pensión porque soy todo para mis hijos y para mis sobrinos. Los llevo a la escuela que queda a ocho cuadras de la casa, y unos van a la mañana y otros a la tarde", dice Zulma.
En la humilde pieza hay una cama de dos plazas, otra de una plaza y dos cuchetas, en ellas se reparten para dormir los siete niños y las dos mujeres. Arriba de una cajonera hay un televisor que alegra la fría tarde de los chicos, que están bien abrigados.
"A mí no me hacen caso, por eso hace falta que Zulma esté en la casa", dijo Rosa que se dedica a hacer la comida en un brasero porque "no nos alcanza para una garrafa".

Informe: Carlos Torres

Comentarios

Entradas populares